sábado, 30 de agosto de 2008

Sencillez

Es sencillo

La sencillez con que se suceden los hechos en la vida, ocasiona frecuentemente un estado de confusión y conflicto en las personas.
Como consecuencia de esta simplicidad inicial, se derivan multitud de planteamientos, inquietudes o actitudes, que llegan a transformarse en incomprensibles complicaciones para nuestra mente, repercutiendo directamente en nuestro modo cotidiano de pensar y actuar.

Somos seres tan racionales, que luchamos por clarificar y comprender minuciosamente cada situación que nos acontece, sobre todo, si es desagradable o ha supuesto un gran shock ante nuestro propio ser; es decir, somos protagonistas voluntariamente inconscientes de un hecho que ha terminado presionando, en cierto modo, nuestro potencial de asimilación general.

No significa esto, que no poseamos la capacidad de desglosar la inquietud o pensamiento que nos trastorna, para ser conscientes de que realmente existe dentro o fuera de nuestro organismo. No. Sino que analizamos en tal grado de profundidad nuestro alrededor y cuanto acontece en él, que a veces olvidamos que por muchas reflexiones que realicemos o causas que creamos hallar, el único y verdadero motivo de que hayan ocurrido, es el hecho de aprender de dicha situación tras haberla experimentado. Es, extraer el mensaje o la lección que, a modo de ente invisible, venía discretamente camuflado entre esa experiencia. Y así, tal vez seamos capaces de comprender, no por qué se desencadenó la situación, sino que se trataba del preciso momento en que debíamos vivirla.

Las circunstancias que nos rodean no son causa justificante por sí solas para recibir algún tipo de conocimiento o sabiduría, ya que el instante concreto, viene escogido por el nivel mental inconsciente, trascendental o espiritual en que nos encontramos situados, y claro está, es necesario ir abandonando para lograr elevarse al siguiente. Este nuevo aprendizaje sería el motor que hiciese vibrar dicho nivel, para así “despertarnos” y movilizarnos hacia un nuevo sendero ascendente de comprensión, asimilación y equilibrio mayor.

El problema surge cuando nos asentamos en la situación que ha sucedido, preocupándonos y sufriendo, por no ser capaces de entenderla si no logramos explicarla o demostrarla en nuestro mundo físico material.
Hacemos de un grano de arena, una enorme carga invisible que transportamos sobre nuestras espaldas, y que no nos deja disfrutar del momento que estamos viviendo. Tendemos a ir engrosando y aumentado esta carga a medida que el tiempo transcurre, y como es lógico, nuestro cuerpo físico puede resentirse ante tal cantidad de peso; se hace más vulnerable ante amenazas externas, siendo extremadamente fácil desarrollar algún tipo de patología.
Se trata de un peso incapaz de percibirse, de observar, de tocar; pero tan real como el más pesado. El por qué pesa tanto, depende directamente de nosotros, puesto que a la carga inicial, que suele ser bastante ligera, añadimos el peso de los sentimientos, de las emociones, de las preocupaciones, de los problemas, de las consecuencias, y sobre todo, de los pensamientos, que desbordadamente hemos originado desde nuestra mente racional o material.

No hemos meditado por un instante si la sencillez de la situación, era la única clave, y no todo el mundo imaginario al que hemos dado vida a partir de ella.

La única solución cuando esto ocurre, es descubrir la simplicidad con la que nos habíamos enfrentado al principio. Hay que ser capaces de visualizar esa pesada carga que portamos como si se tratase de una masa indefinida que se transforma en llave. Llave, que haciéndose real en el mismo momento que seamos conscientes de su existencia, nos abrirá las puertas de la comprensión, de la claridad y el conocimiento; la respuesta a tan compleja inquietud. Y en ese instante notaremos que la carga ya ha desaparecido sin aún darnos cuenta. Estaremos libres de ella, ya que realmente jamás había existido. Solo nuestra mente la había creado, como defensa personal por un hecho ante el cual se había sentido impotente, no había sido capaz de explicar por la simplicidad y la sencillez que le transmitía la situación.

Somos testarudos e ignorantes para entender que todo ocurre sencillamente porque ha de ser así, y por ello preferimos engendrar nuestras propias complicaciones para intentar demostrar que siempre hay algo más tras lo aparente, tras lo simple. He aquí que nuestra mente, sin duda, es el ente más complejo que existe, capaz de conjeturar, analizar y examinar todo.
Una situación apareció, se dio y finalizó, y jamás volverá a repetirse en las mismas condiciones, y todo, porque hemos de ser partícipes de ella; porque algo estamos aprendiendo al vivirla; porque podemos comprender la lección que venía con ella, y no porque merezcamos ser más afortunados o desgraciados con lo que suponga.

La calidad de simple y sencillo, no era más que un tramo recto, sin curvas, sin subidas ni bajadas, del gran camino hacia la felicidad. Pero, acostumbrados a solventar problemas de distinta índole como obstáculos que aparecen en ese sendero, confundimos una oportunidad para avanzar más rápido, con un freno que tira de nosotros e impide nuestro avance. Somos seres tan complejos que no somos capaces de identificar la verdadera esencia de la felicidad.

Al final, descubrimos que la anhelada felicidad se halla en la sencillez, la sencillez en cada instante de la vida y, la vida, somos cada uno de nosotros. Solo hemos de darnos cuenta que la portamos dentro de nuestro ser; no debemos buscarla más lejos, envuelta en dificultades ni en cosas materiales, sino que hay que comenzar, conociéndonos a nosotros mismos y descubriendo qué se halla en nuestro interior. Y así nos sorprenderemos al profundizar en nuestra más pura existencia, que lo más ansiado, lo más añorado, lo más buscado, lo más simple y lo más sencillo, es decir, el Amor y la felicidad, siempre ha estado en nosotros. Conozcámonos, estudiémonos y trabajemos con nuestro propio yo para saber quienes somos; qué ocultamos aún sin saberlo. Algún día, quizás, lleguemos a hacerlo y con eso, encontraremos gran parte de la felicidad que buscamos. El resto vendrá por sí sola.
Lorena Pozo López

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